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“El laboratorio” como metodología para un trabajo teórico-práctico de grado

Por José López

Nota de Proa: proyecto de grado, requisito para optar al título de arquitecto en la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, presentado por el estudiante José López a finales de 2018 y basado en los conceptos planteados principalmente por Zygmunt Bauman e Ignasi de Solà-Morales; dirigido por el arquitecto Christian Binkele. Se incluye por haber obtenido las más altas calificaciones.

“He aprendido que una buena pregunta tiene más valor que la más brillante de las respuestas”.
                                                                                                                            Louis. I. Kahn

La incertidumbre se revela como consecuencia característica de la complejidad de los procesos que vive el ser humano en la contemporaneidad. A pesar de que se asuma la modernidad líquida como el diagnóstico innegable vigente –incluso como punto de partida teórico para proyectar arquitectura–, es posible encontrar diversos campos de acción pertinentes que el arquitecto contemporáneo puede abordar.

Estas líneas operativas, sin embargo, suelen cuestionar el quehacer del arquitecto en la actualidad para sugerir medios cada vez más experimentales y arriesgados, que se atreven a explorar territorios poco analizados en el medio. Estos, a su vez, se manifiestan como una enorme oportunidad proyectual para formular arquitecturas oportunas que logren integrar el paisaje, el territorio y sus comunidades y así desplegar diálogos entre artificio y naturaleza[1] que encaminen una reconciliación con el medio ambiente.

Ahora bien, tal propósito comprometería al arquitecto a reevaluar su modus operandi, invitándolo a la creación de plataformas donde se genere un diálogo y retroalimentación constante entre acción y reflexión. Lo anterior implica que teoría y práctica no se separen en oficios o conveniencias independientes, sino que se propongan esfuerzos para construir un quehacer crítico del mismo oficio.

Esta investigación se tradujo, en grandes rasgos, en un ejercicio reflexivo, crítico, práctico y experimental que sugiere otras metodologías para abordar el trabajo de grado en arquitectura. En lugar de anticiparse a la formulación de un proyecto arquitectónico –donde por lo general se asumen unas directrices y reglas de juego que inducen a la generación de una propuesta acabada y concluida–, se sugiere emplear el laboratorio[2] como la plataforma de trabajo idónea que permitirá imbricar constantemente reflexiones y acciones con el objeto de sustraer conclusiones, dejando incluso inquietudes y múltiples puertas abiertas que bien se podrían retomar más adelante[3].

Así, pues, con la intención de recopilar de manera resumida el proceso que se ha elaborado, la investigación puede dividirse en tres partes: en la primera se encuentra toda la inquietud teórica del trabajo y la cosmovisión donde se inscriben los postulados que fundamentan la futura propuesta experimental; en la segunda, la fase práctica y experimental de la investigación que abordó diversas escalas de proposición; y en la última, las reflexiones finales que se extrajeron del proceso investigativo y fin último que impulsó este trabajo.

[1] La misma tesis defendida por Iñaki Ábalos en su obra Naturaleza y artificio. El ideal pintoresco en la arquitectura y el paisajismo contemporáneos (2009) toma importancia en esta investigación al reafirmar precisamente que la vinculación entre la estética de la arquitectura contemporánea y los diversos temas relacionados con paisaje, territorio, materialidad y sostenibilidad siguen siendo afines. Aparentemente este ideal pintoresco carga con valores nostálgicos y algo anticuados; sin embargo, la reconciliación entre arquitectura y entorno o paisaje se verá más bien como una urgencia que debe ser atendida.
[2] Si bien la categoría en la cual se inscribe la investigación podría acercarse también a la de un proyecto arquitectónico –multiescalar– es preciso anotar que el principal interés es el de asumir una metodología despreocupada por la solución y más bien atenta a la experimentación y los hallazgos que puedan resultar de esta. Se trata, por lo tanto, de extraer reflexiones valiosas y críticas empleando el quehacer práctico del arquitecto y sus temas afines.
[3] El trabajo de grado, en última instancia, fue una experiencia de reafirmaciones y refutaciones para las reflexiones personales como arquitecto, especialmente para divisar aquellos campos de acción concernientes con una obra futura.

 

Inquietud teórica

 

Dentro de esta primera fase se encuentran unas observaciones previas que, a manera de postura o cosmovisión propia, invitan a formular más adelante algunas inquietudes que sugieren la búsqueda de una determinada arquitectura. Un primer comentario tiene que ver con lo que la teoría de la arquitectura contemporánea ha diagnosticado como un entorno de red imbricado y entrecruzado rizomático, donde las disciplinas, oficios, espacios, organizaciones y estructuras sociales se encuentran sumidas en la inestabilidad y son constantemente puestas en entredicho[4]. ¿En tal caso, qué importancia o pertinencia tendría hacer esfuerzos por acotar, definir y delimitar un oficio como la arquitectura? ¿Es realmente necesario tal propósito?

Por un lado, tal situación invita directamente a elaborar esa postura, puesto que no hay líneas claras y seguras dónde operar; es preferible asumir una propia, que esté sustentada en una serie de referentes teóricos valiosos y que inviten a la reflexión crítica. La primera parte de esta postura tiene que ver con el cuestionamiento por el tiempo que nos corresponde, aquel en el cual estamos inscritos. Alrededor de la lectura de la obra de Zygmunt Bauman, la investigación está argumentada en asumir un tiempo y una realidad marcados por la precariedad, el ritmo cambiante, el consumismo y una dinámica agotadora, pero con una verdad de fondo que debe ser asumida, la de un mundo líquido[5] que permanece en un estado de transformación permanente y que requiere redefinirse constantemente en la incertidumbre, concepto fundamental que guiará el discurso de la investigación acá presentada. Son diversos los arquitectos y teóricos del oficio que tanto en el marco global y local han decidido incluir el discurso de Bauman en su obra, bien sea para diagnosticar el oficio que se realiza en la contemporaneidad[6], como para aprovechar estas aparentes nuevas formas de habitar con tal de que sus arquitecturas busquen ser lo más fieles a las estructuras políticas, culturales y sociales[7].

[4] “Algo semejante sucede hoy en el medio digital. Somos programados de nuevo a través de este medio reciente, sin que captemos por entero el cambio radical del paradigma, cojeamos tras el medio digital, que, por debajo de la decisión consciente, cambia decisivamente nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia” (Han, Byung-Chul. En el enjambre. Barcelona: Herder Editorial, 2014).
[5] Bauman, Zygmunt. Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000.
[6] Para esta primera referencia de la modernidad líquida en el campo de la investigación arquitectónica, hago referencia al escrito de Ricardo Daza (Cambios de dirección. Límites de la arquitectura en el despertar ambivalente del siglo XXI. Bogotá: Rita, 2018). Daza señala, a manera de paréntesis, las condiciones inestables en las cuales está inmerso el medio arquitectónico donde se tiene que lidiar con una infinidad de imágenes, referentes, posturas y tendencias sobrepuestas sin orientaciones y regulaciones claras.
[7] La familia es una excusa para hablar de la fluidez del universo cambiante que Zygmunt Bauman define como “modernidad líquida” la característica más importante de la sociedad actual, con la sustitución de los modelos unitarios y jerárquicos por los modelos en red. Esto tiene consecuencias en la familia, en la cultura o en la política, que están evolucionando en la sustitución de modelos piramidales por modelos horizontales: ”Nuestro objetivo, como arquitectos, es estar atentos para ver cómo es la política, la cultura, la sociedad de nuestro tiempo, para asegurarnos de que hay una arquitectura que esté respondiendo a sus necesidades” (https://www.connectionsbyfinsa.com/arquitectura-sostenible-la-sostenibilidad-exuberante-de-carlos-arroyo/, 2016).

 

Primeras reflexiones teóricas entorno a las bibliografías principales. Zygmunt Bauman e Ignasi de Solà-Morales como primeros referentes teóricos.

Adicionalmente, la pregunta por la contemporaneidad toma lugar en esta discusión. Giorgio Agamben ofrece una aclaración frente a este tema para anunciarlo como una actitud consciente pero disruptiva, que permite verdaderamente conocer aquel tiempo en el cual se está inscrito[8]. La contemporaneidad, para términos también de este trabajo, será asumida como la actitud que debe tomarse para alejarse de todas las pretensiones del tiempo actual, de esta modernidad líquida cada vez más difusa e inestable, para realizar una crítica a este tiempo construyendo una ruptura desde la cual se generen plataformas de diálogo multidisciplinarias y multitemporales, para vislumbrar, en definitiva, unas rutas de trabajo pertinentes para un tiempo de constante incertidumbre.

Por lo tanto, la tercera cuestión consiste en la posibilidad de corresponder con una actitud “contemporánea” a una modernidad líquida. Richard Sennett, apoyándose en las escuelas de pensamiento propias del pragmatismo norteamericano, sugiere una posición por ser defendida y respaldada que, al inspirarse en el arquetipo del artesano[9], como una figura antagónica al contexto abrumador –a propósito, bastante aproximado al mito de la caja de pandora[10]– puede poner un alto a lo que ha desencadenado un modo de vida claramente insostenible, irreflexivo y obsoleto en sus propias reglas impuestas. La propuesta de Sennett consiste en la reincorporación de la figura del artesano como un responsable en la reconstrucción del tejido sociocultural, a partir de su oficio, cuya operatividad debe estar continuamente inspirada en un hacer pensando y un pensar haciendo.

En este sentido, se construye acá una postura que, guiada a partir de este argumento reflexivo, desemboca en la formulación de varias consignas que sugieren un código operativo en el oficio del arquitecto. Un tiempo líquido demanda respuestas también líquidas. Una actitud contemporánea compromete una actitud de ruptura y desfase. Y tal ruptura hacia un mundo líquido y acelerado puede gestarse desde una postura artesanal y reflexiva.

Por otro lado, hay líneas de pensamiento que, entendiendo los diversos cambios de dirección inestables que se han venido produciendo en el entorno del quehacer arquitectónico, han invitado a los grupos y colectivos de arquitectura a posicionarse desde una mirada cada vez más transversal y completa:

“Atravesar la dualidad teoría-práctica, desplegar discursos transversales, construir plataformas desde las que poder ver el presente y el pasado, desde distintas y nuevas observaciones, es la tarea ineludible del momento. Para ello no serán suficientes ni los discursos esclerotizados del juicio y la autojustificación que de sí misma hace la práctica, ni el discurso autónomo, autosatisfecho de la academia teórico-histórica”[11] (Ignasi de Solà-Morales, 2001).

 

Este diagnóstico y recomendación que realiza Ignasi de Solà-Morales comprometería inicialmente el propósito de este trabajo para lograr construir reflexiones que confronten permanentemente teoría y práctica en la arquitectura, evitando concentrar los esfuerzos en alguna de las dos. En otras palabras, se busca construir un trabajo teórico-práctico de arquitectura.

A partir de la formulación de las anteriores tres preguntas y de la consideración previa, la investigación se compromete ahora a elaborar esfuerzos prácticos por resolverlas y meditarlas. De manera que, para poder llevar a cabo una propuesta arquitectónica que fundamentara la escogencia de un territorio, programa, sistema técnico y especialmente conceptual, entre otros de gran valor e importancia para la arquitectura; pero, sin que esta retomara los procedimientos habituales de todo proyecto, la investigación asume emplear una metodología experimental y exploratoria en lugar de una invariable y segura: un laboratorio[12].

Este laboratorio puede ser entendido a partir de tres núcleos principales:

  • El primero explica la escogencia de un lugar para ejecutarlo, donde, a partir de un ejercicio de evaluación experimental y coherente se encuentra un escenario apropiado con las pretensiones iniciales –un marco espacio-temporal.
  • El segundo núcleo se trata del proceso programático y propositivo previo a la propuesta, donde se evaluarán los programas arquitectónicos compatibles con una arquitectura propiamente contemporánea.
  • El tercero consiste en la puesta en práctica de la propuesta, donde se resume el quehacer del autor como arquitecto artesano.
[8] “Ello significa que el contemporáneo no es solamente aquel que, percibiendo la oscuridad del presente se aferra la inamovible luz; es también aquel que, dividiendo e interpolando el tiempo, está en grado de transformarlo y de ponerlo en relación con los otros tiempos, de leer de modo inédito la historia, de ‘citarla’ según una necesidad que no proviene en algún modo de su arbitrio, sino de una exigencia a la cual no puede no responder. Es como si aquella invisible luz que es la oscuridad del presente, proyectase su sombra sobre el pasado y éste, tocado por ese haz de sombra, adquiriese la capacidad de responder a las tinieblas del ahora” (Agamben, Giorgio. ¿Qué es lo contemporáneo?, 2008).
[9] Sennett, Richard. El artesano. Barcelona: Editorial Anagrama, 2009.
[10] El mito de la caja de pandora expuesta en el trabajo que recoge Sennett se entiende como la catastrófica consecuencia de haber desarrollado, de cierta manera irresponsable, el trabajo humano tecnológico. En términos de esta investigación, esta misma analogía puede entenderse como la amenaza indudable que se produce al realizar una práctica arquitectónica irresponsable, poco reflexiva y carente de crítica frente a las consecuencias que produce el desarrollo inmobiliario desaforado.
[11] Solà-Morales, Ignasi. Prácticas teóricas, prácticas históricas, prácticas arquitectónicas en Inscripciones. Barcelona: G. Gili, 2003.
[12] Si bien se anotó al principio de este escrito sobre el principal interés de la investigación en términos prácticos, es preciso mencionar que tal laboratorio asumirá las partes de todo desarrollo de proyecto arquitectónico hasta el punto en que se considere justo; sin profundizar demasiado, pero sin desatender los temas importantes.

 

Cosmovisión. Diagrama del conjunto de referentes e inquietudes que conforman la postura teórica inicial de esta investigación.

Preámbulo a la fase pragmática

 

Para dar inicio al laboratorio es imprescindible encontrar un lugar para hacerlo. En este caso, para lograrlo, Solá Morales nos brinda una reflexión significativa sobre la caracterización de aquellos lugares típicos de las ciudades y los territorios contemporáneos que particularmente deberían tener un tratamiento específico por parte de la ciudad y la arquitectura misma; y que, sin lugar a dudas, representa la gran oportunidad para realizar un laboratorio coherente con todos aquellos planteamientos expuestos anteriormente.

Los terrenos vagos son, para Solà-Morales, los espacios urbanos y, en ocasiones, territorios geográficos que mejor logran reunir las cualidades de un espacio contemporáneo[13]. Como resultado de los complejos y acelerados procesos que se producen tanto en el interior como en los bordes de las ciudades actuales –incluso en su contexto regional– numerosos lugares transforman sus dinámicas y se van desincorporando y desarticulando del sistema general de la ciudad. Resultan, entonces, vacíos urbanos y regionales desprovistos de programa y vocación definidos que los esquemas de tratamiento y planeación difícilmente logran proporcionarles otro destino. Quedan a la deriva, son una serie de islas deshabitadas, inseguras e improductivas, despojadas de valores comerciales pero que, dentro de estas propias y dinámicas particulares, se hallan interesantes formas de entender la vida social contemporánea[14]. Son finalmente las comunidades y los colectivos ciudadanos los que llegan a proponer una alternativa distinta para que se produzcan acuerdos entre el vacío desprogramado y una metodología de apropiación abierta y desinteresada.

Luego de haber construido un laboratorio previo, que permitiera hallar aquel terreno vago más coherente para la práctica experimental, se decide en último término emplear la cantera como el escenario de experimentación arquitectónica. Al presentarse como un escenario de alto impacto medioambiental y paisajístico, localizado frecuentemente en aquellos bordes difusos de las ciudades, y produciendo, así mismo, vacíos de escala metropolitana que difícilmente pueden ser tenidos en cuenta para proyectos estables y concretos por parte de las entidades públicas y privadas[15], comenzaba a divisarse una gran oportunidad de reflexión proyectual.

[13] “Son sus bordes faltos de una incorporación eficaz, son islas interiores vaciadas de actividad, son olvidos y restos que permanecen fuera de la dinámica urbana. Convirtiéndose en áreas simplemente des-habitadas, inseguras, im-productivas. En definitiva, lugares extraños al sistema urbano, exteriores mentales en el interior físico dela ciudad que aparecen como contra-imagen de la misma, tanto en el sentido de su crítica como en el sentido de su posible alternativa… Los problemas estéticos y éticos que plantean, envuelven la problemática de la vida social contemporánea. ¿Qué hacer ante estos enormes vacíos, de límites imprecisos y de vaga definición?” (Solà-Morales, Ignasi. “Terrein vague” (1995). En Territorios. Barcelona: G. Gili, 2003, pp. 129-130).
[14] Solà-Morales, Ignasi. Territorios. Barcelona: G. Gili, 2003.
[15] La CAR (Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca), como principal entidad estatal encargada de llevar a cabo el Plan de Manejo de Protección Ambiental de la cantera, no se ha manifestado realmente como protagonista para resolver la situación de emergencia que viven las comunidades por el riesgo de remoción en masa y por la fragilidad ambiental que se presenta. Una vez más, se confirmaría que estos territorios desprovistos de intervención quedan a la deriva en un estado de latente incertidumbre.

 

La Cantera Geográfica como territorio de exploración dentro de la investigación en la incertidumbre de la contemporaneidad.
Borde sur de la ciudad de Bogotá con inmediaciones del municipio de Soacha. Borde típico difuso de las ciudades latinoamericanas. Particularmente Bogotá y Soacha se ven críticamente afectadas por una explotación minera a cielo abierto que ocasiona serias consecuencias ambientales y urbanas dentro de contextos socialmente frágiles.

Así, pues, este complejo escenario, entendiéndolo desde un típico panorama de borde de expansión urbana, en este caso el municipio de Soacha, sumado a la adversidad y complejidad social con las que sus habitantes y comunidades han venido habitando estos territorios, convertiría a una de las canteras del sector de San Mateo (“Cantera El Tuno Sabanero”[16]) como un lugar interesante y coherente para desarrollar un laboratorio de arquitectura contemporánea insertada en una inestable perspectiva de una Colombia de principios del siglo XXI.

La primera acción que se toma en el laboratorio, una vez que se ha elegido el territorio para insertarlo, es determinar las rutas de operación posibles que se inscribieran dentro de la lógica de hábitat contemporáneo. Se logran proponer, entonces, cuatro posibles campos programáticos de acción que sugieren eventuales programas y lenguajes arquitectónicos para funcionar en esta cantera[17]:

  • La primera acción consistía en emplear la arquitectura como un medio de re-naturalización y construcción de memoria en la cantera.
  • La segunda se trataba de una recreación de un modo seguro, confortable y responsable del fenómeno de expansión urbana característico de los bordes de ciudad donde se pudiera aprovechar la vocación del territorio como una plataforma de desarrollo inmobiliario con una intervención reflexiva.
  • La tercera proponía el desarrollo de un nodo de equipamientos deportivos y recreativos que contribuyera para cubrir el déficit cualitativo y cuantitativo de estos servicios.
  • La cuarta, consistía en emplear el terreno como un lugar de productividad contemporánea y típica de las economías emergentes; un escenario donde la arquitectura, la economía y la productividad dialogaran.
  • Adicionalmente, a manera de conclusión parcial, se formuló una quinta propuesta. Se entiende como el resultado del proceso concatenado, traslapado y mezclado entre las anteriores cuatro posibilidades[18]. Asumiendo que la cuestión de la contemporaneidad implica la complejización de los fenómenos programáticos actuales donde la arquitectura es una plataforma abierta que no inhibe, sino que cataliza las posibilidades inciertas.

La anterior consideración guiaría a la investigación finalmente a concentrarse en el desarrollo pre-proyectual de dos grandes temas: por un lado, la reflexión por el territorio en el que se va a experimentar, y por otro, la arquitectura que operaría en aquella plataforma. Una investigación, en otras palabras, por la naturaleza y el artificio de la contemporaneidad que mejor dialogue con esta incertidumbre.

 

[16] “En el casco urbano de Soacha más exactamente Rincón de San Mateo, Cantera Tuno Sabanero, intervenido por la CAR mediante PMMRA 0688 del 16 de abril de 2009 sobre la Cll.29 Este No.8-95 focalizado en trabajos de desaparición de amenaza a vecinos del tuno sabanero para evitar los deslizamientos de tierras y posibles pérdidas humanas, donde venía operando la cantera del Tuno Sabanero, responsable del desmonte gradual de esta loma y de la implementación de acciones para mitigar el impacto que recae en la población sin éxito aun, razón por la cual la CAR asume la responsabilidad de realizar el Plan de Restauración y Recuperación Ecológica y posterior construcción de una barrera para mitigar la contaminación atmosférica, que inicialmente debió ser asumida por los dueños de la cantera, la CAR desde el 2009 (casi 10 años), viene realizando obras de mitigación de riesgo a la población circundante, pero la velocidad en la que se realizan los trabajos de restauración han ocasionado que la erosión cada vez sea más voraz y que los bosques circundantes están erosionándose por la falta de nutrientes necesarios, por la erosión eólica a causa de que no hay población vegetal que obstruya la acción del viento en los suelos, así mismo ocurre con las lluvias lo cual ha ocasionado que los suelos se compacten y que lo único que allí aun subsistan son algunos árboles que luchan por sobrevivir.” https://cndf128.blogspot.com/p/winsports.html
[17] El propósito de esta fase no comprometía la investigación a filtrar la opción más conveniente, sino, precisamente, entender toda la variabilidad que debía tenerse en cuenta más adelante para desplegar una estrategia abierta.
[18] Una de los principales referentes arquitectónicos que inspiraban la formulación de una estrategia experimental que pudiera mezclar y traslapar los distintos escenarios era la memoria descriptiva del proyecto para el concurso del Parc de La Villete formulada por OMA en 1982. “La segunda competencia de La Villette (1982) parecía ofrecer los ingredientes para una investigación completa del potencial de una Cultura Europea de Congestión. Aquí estaba la condición metropolitana por excelencia de Europa: un terreno vago entre la ciudad histórica, violada por las codiciosas necesidades del siglo XX, y el plancton de la banlieue; en él, dos piezas de historia abandonadas como naves espaciales. Era una de esas nada de potencial aún infinito que en este caso podía preservarse ya que su programa no podía expresarse en forma, un programa que insistía en su propia estabilidad.
Lo que finalmente sugirió La Villette fue la explotación pura de la condición metropolitana: densidad sin arquitectura, una cultura de congestión ‘invisible’”. https://oma.eu/projects/parc-de-la-villette
Escenarios arquitectónicos sugeridos con base en el principal sistema constructivo. Posibilidades abiertas en los programas arquitectónicos.

Fase práctica y experimental

 

Desde el punto de vista territorial y ambiental, el laboratorio exigía una concepción particular para poder abordar esta arquitectura. Para la contemporaneidad, no solamente se entiende el oficio de la arquitectura como un quehacer desde la obra construida, sino, también, como una responsabilidad por asumir el medio ambiente y el paisaje como temas incluso primordiales. La cantera, por lo tanto, será la infraestructura y la plataforma de trabajo que soportará más adelante la intervención artificial. Mediante una estrategia de renaturalización y preservación ecosistémica, la cantera, que es un entorno significativamente frágil y precario, será el escenario donde unas operaciones de estratificación, inserción, reacomodación y transformación de las partes de esta, se desplegarán para recualificar las condiciones de habitabilidad que demanda el lugar[19]. Serán las comunidades, mediante la construcción de un acuerdo hacia la sostenibilidad y el trabajo colectivo, las protagonistas de esta primera operación[20].

Por medio de una serie de estrategias de intervención paisajística, de implantación, de reforestación, fertilización y reconfiguración de sistemas hídricos, surge la oportunidad, pero, sobre todo, la necesidad de formular una estrategia de intervención de la cantera para que, a partir de esta, la incertidumbre comience a gestarse por medio de su estrecha vinculación con los procesos de revegetalización.

Más adelante, desde el punto de vista arquitectónico se explorarán diversas alternativas que conduzcan a la formulación de un sistema técnico capaz de responder a la cuestión de la forma de vida y la forma construida contemporánea. Desde un análisis de todas las posibles formas de implantación, que logra dialogar con la forma accidentada de estos territorios, atravesando por los múltiples escenarios programáticos que son posibles en el laboratorio, así como su resolución técnica y del detalle que puede ser entendido y asimilado por la comunidad, se vislumbra un sistema constructivo inspirado en la morfogénesis de algunos organismos vivos y de técnicas tradicionales y vernáculas[21] de gran condición efímera que sea capaz de desplegarse, replegarse, y desmontarse. A partir de un estudio geométrico tridimensional[22] se establece un patrón de comportamiento estructural que, con base en la formulación de una articulación de los elementos, se genera un sistema abierto e incierto.

[19] Mediante una serie de estrategias descritas en Living Systems (Margolis, Liat y Robinson, Alexander (eds.). Berlin: Birkhäuser, 2007), la cantera como plataforma de operaciones restituye su condición natural degradada para armonizar sus relaciones con el medio ambiente. En lugar de emplear la arquitectura como un instrumento de orden, planificación e imposición, ahora esta se dispone como un instrumento para catalizar los procesos naturales del paisaje de manera inteligente y sistémica, operando, como lo dice la obra, como parte de un conjunto de sistemas vivos.
[20] La misma línea de operación se menciona en diversas obras de teoría e investigación de arquitectura contemporánea: “Suave, en el contexto de este ensayo, es lo reconfigurable, lo instantáneo, lo aparentemente inmaterial, lo nublado, lo on demand. Suave es eso que responde con flexibilidad. Suave es lo oculto. El detrás de escena. El justo a tiempo. El truco. La solución rápida. Suave es cinta adhesiva, alambre y cuerda” (Bhatia, Neeraj y Sheppard, Lola. Bracket 2: Goes Soft. Actar, 2012).
[21] Algunas técnicas vernáculas como los tradicionales andamios elaborados de bambú en China, y todo el bagaje que se ha elaborado en torno a este material natural inspiran desde el punto de vista artístico y técnico en esta investigación por ser la técnica contemporánea más adecuada para asumir el laboratorio.
[22] Diversos arquitectos, especialmente referentes importantes en la tradición arquitectónica moderna como Frank Lloyd Wright o Louis Kahn, habían desarrollado propuestas relacionadas con la formalidad triangular y tetraédrica. Desde los proyectos residenciales integrados a las mallas hexagonales y triangulares (1935-1965) o la torre de Filadelfia (1952-1957) son precedentes valiosos en esta búsqueda por un sistema arquitectónico sistémico.

 

Morfogénesis. Progresividad espacial basada en el módulo tetraédrico.
Equipamiento educativo y cultural en la cantera. / Vivienda de uso colectivo en la cantera.

Reflexiones finales

 

Después de atravesar la continuidad y simultaneidad con la cual se ha trabajado, es apropiada una mirada retrospectiva que permita dar cuenta de aquellas observaciones, reflexiones y anotaciones que se pudieron extraer del proceso. Una de las más importantes –y que de manera subjetiva fue la más valiosa e imprevista para el autor–[23] tiene que ver con el territorio en donde tomó lugar el laboratorio. Los terrenos vagos, especialmente aquellos con una frágil condición medioambiental fueron justificados y argumentados como campos de acción concernientes para la arquitectura contemporánea; especialmente en un país marcado por profundas brechas de desigualdad donde los difusos límites entre el campo y la ciudad pueden detener la mirada del arquitecto para reincorporar su transformador carácter social. Lo anterior, indudablemente posiciona al medio ambiente, el paisaje, la naturaleza y el sistema territorial como los temas prioritarios en la agenda arquitectónica del país.

Por otro lado, la cosmovisión sostenida desde posturas pragmáticas como las de Sennett, construyen una invitación –incluso a diversos oficios– para que integren una mirada cada vez más reconciliadora con la cultura material, la sociedad, la política y la naturaleza. El quehacer desde la artesanía se entendería, en términos de estas reflexiones, como una contraparte pertinente para un mundo líquido –que si bien se debe asumir maduramente– no debe aprobarse o asumirse en su totalidad. Un mundo precario en memoria, tejido cultural, y caracterizado principalmente por el consumismo y el ritmo frenético de la competencia requeriría, de hecho, de arquitectos artesanos que comprendan el valor del trabajo sostenible y que coloquen a la comunidad como el motor humano de sus espacios. Esta función artesanal en la arquitectura no desconocería, desde luego, el valor y la conveniencia de recuperar, reintegrar y reinterpretar un enorme conjunto de conocimientos técnicos y figuras tradicionales que resultan, de hecho, más contemporáneos que una enorme mayoría de métodos y técnicas actuales y convencionales[24].

Desde una mirada operativa, el proyecto permitió incorporar una manera de hacer y pensar que no es muy recurrente en la práctica actual pero que, sin lugar a dudas, ofreció numerosas ventajas a la hora de realizar una investigación. El laboratorio arquitectónico –en lugar del proyecto arquitectónico– es una estrategia de reflexión y experimentación que sí está pensado para operar en la incertidumbre. Este no se propone resolver, solucionar, ejecutar o gestionar un problema, por el contrario, busca construir preguntas de gran valor. Su objetivo primordial no es el de entregar un producto concluido o acabado sino, por el contrario, nutrir y alimentar una serie de reflexiones y conclusiones a partir de un proceso. Nos preguntamos entonces, ¿una arquitectura contemporánea debe ser la respuesta que nace en un producto acabado, concluido y cerrado –que raramente admite el error– o debe ser una reflexión alimentada por un proceso abierto y cada vez más experimental?

Por último, a partir de un planteamiento que se gestó como inquietud teórica, y que eventualmente se fue desplegando en un proceso experimental para dar paso finalmente a un laboratorio teórico-práctico, es posible demostrar que incluso los posicionamientos inter-disciplinarios ofrecen a la arquitectura discursos pertinentes, conscientes, críticos y contemporáneos, en otras palabras, disruptivos y des-localizadores. Aparece, entonces, en el medio arquitectónico, una mirada que sugiere integrar –además de un componente crítico y teórico en el quehacer– una arquitectura reflexiva, abierta, atenta, inmediata y consciente que ha encontrado en aquellos vacíos, generalmente monumentales, áridos, quebrados, regionales, metropolitanos, urbanos y rurales la posibilidad de operar en medio de la inmediatez de una modernidad líquida que, si bien no demanda de respuestas correctivas, sí necesita de propuestas abiertas y no acabadas que funcionen junto a su irreconciliable incertidumbre.

 

[23] Trato de explicar que, en lo personal, la investigación me arrojó de una manera muy curiosa e interesante frente a uno de los campos más fascinantes y valorados en el quehacer contemporáneo; ese mismo enunciado por Ábalos en su obra: el paisaje. Toma suma importancia el tema y marca una ruptura entre el pasado y el futuro de mi proceso formativo para prestar atención a un tema urgente y de gran interés para la agenda contemporánea del país.
[24] Existió una evaluación en el proceso de la investigación que confrontaba los postulados de la arquitectura móvil de Yona Friedman frente a los hallazgos encontrados en la investigación de Dicken Castro sobre la guadua. Incluso técnicas tradicionales –a lo mejor más antiguas– demuestran que el ser humano ha conservado su carácter móvil y flexible a la hora de habitar los territorios. Lo que observamos es que puede conservarse y preservarse una serie de conocimientos valiosos que siguen cualificando la arquitectura contemporánea.