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Texto y dibujos: Carlos Santamaría

Nota de PROA: Este artículo es el abstract de trabajo de grado (2018) con el mismo nombre: “Consideraciones sobre el poder, la ciudad y la arquitectura” , realizado por Carlos Santamaría para optar al título de Arquitecto en la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontifica Universidad Javeriana, y que fue dirigido por el arquitecto David Burbano. El interesante tema abordado y la seriedad con la que se asumió su desarrollo motivan su inclusión en esta plataforma.

1.1 INTRODUCCIÓN

Que la arquitectura y la ciudad hayan sido a lo largo de la historia instrumentos tipológicos de organización social, no es una idea del todo nueva. De manera casi incesante las ciudades están permanentemente reconstruyéndose sobre sí mismas, paralelamente con la identidad de las sociedades que las habitan y se manifiestan en ellas. Más aún si entendemos la práctica de la arquitectura y el urbanismo como un testimonio de su tiempo, debemos igualmente reconocer la praxis de estas igualmente como un discurso enmarcado en un contexto.

Socialmente hemos otorgado poder tanto a personas como a institución con el propósito de organizarnos en torno a ideas comunes con el fin de convivir bajo alguna idea de organización, en otras palabras la estructura social está condicionada al poder que esta le otorga a terceros y a cómo estos poderes se manifiestan. Por otro lado, esta capacidad del poder de manifestarse está dada, más que por una idea de quien impone o controla, por una serie de “dispositivos” o medios a través de los cuales se materializa la acción del poder “… ciertamente, los dispositivos existen desde que el homo sapiens apareció. Sin embargo, parece que actualmente no hay un solo instante en la vida de los individuos que no sea modelado, contaminado o controlado por un dispositivo” (Agamben, 2011).

De esta idea de poder es preciso aclarar que mientras desde un punto de vista el poder se refiere a “formas de dominación y sujeción que operan localmente con su propia modalidad de funcionamiento, procedimiento y técnica” (Foucault, 1976) otros se refieren a este como “la capacidad de dirigir o impedir las acciones actuales o futuras, o dicho de otra forma el pode es aquello con lo que logramos que otros tengan conductas que, de otro modo, no habrían adoptado” (Naím, 2013), de lo anterior más que dos maneras distintas de entender el concepto de poder pretender hacer énfasis en que independientemente del cómo se manifieste, la idea o el concepto de poder ha sufrido grandes transformaciones, lo cual es ampliamente evidenciable, más aun desde las transformaciones de la práctica de la arquitectura y el urbanismo.

La manera en que las ciudades han adquirido complejidad a lo largo del tiempo, como resultado de la sofisticación de los sistemas que la componen y la creación de nuevos, deja en evidencia, de igual manera, cómo la organización de estructuras social es igualmente dinámica. Para subsistir es preciso adoptarse. En este sentido, si estamos aceptamos que la función de la idea de poder en entornos urbanos ha sido la de preservar las estructuras de mando de la ciudad con respecto a la ciudanía, también deberíamos ser conscientes de las transformaciones a las que se ha sometido la misma idea de poder.

2.1 EXPLICACIÓN CONCEPTUAL

Reinterpretar el concepto de poder no como algo monolítico sino como una fuerza dinámica, que con el tiempo se ha ido transformando, fragmentándose y atomizándose hasta generar una compleja red de fuerzas conformada por diferentes actores públicos y privados, dejando en evidencia la capacidad que ha adquirido la ciudadanía para gestionar estructuras de auto-organización en los proceso de construcción de ciudad. La manifestación de estos nuevos agentes no quiere decir, en ningún momento, que el poder deje de existir, más bien abre una reflexión a cómo este está en el trasfondo.

“Actualmente el poder está sufriendo una transformación fundamental, se está degradando, debido a la erosión de las barreras que antes lo resguardaban, lo que está cambiando fundamentalmente la manera de hacer política y geopolítica. Este fenómeno mundial se fundamenta en el colapso de las fronteras y formas en las que el poder se capitaliza de distintas maneras y desde distintos actores, no necesariamente estatales. Por un lado la revolución informática y el auge de las telecomunicaciones ha masificado e inmediatizado la manera en la que producimos y consumimos información, en segundo lugar la aparición de pequeños actores en los escenarios locales, nacionales y mundiales está cambiando nuestra percepción del poder” (Naím, 2015).

Mencionábamos, además, cómo si bien entender el poder como una fuerza requiere además materializarlo por medio de lo que algunos autores, como Foucault y Agamben, llamaban “dispositivos”, que se refieren a todos aquellos medios sobre los cuales el poder se canaliza y dirige de un emisor a uno o varios receptores. Asimismo, la arquitectura y la ciudad han sido históricamente dispositivos tipológicos de organización social en el sentido que, como elementos físicos, su contenido simbólico, más allá de lo formalmente ornamental, corresponde a un periodo con cánones y paradigmas diferentes, también vinculados al contexto inmediato social, político y económico. No es, a mi parecer, fortuito que durante el auge de gobiernos totalitaristas o radicales también las formas de la arquitectura y la ciudad se vieran en algunos casos en la tarea de reforzar ideas políticas con el fin de suplir un aparente estado de bienestar y progreso, como ocurrió por ejemplo con los trabajos de Albert Speer en Berlín durante la Alemania Nacional Socialista o, por otro lado, la génesis y el auge del modernismo catalán ligado a una identidad regionalista que en algo ha llegado a perdurar hasta hoy en día.

En suma, es evidente que si bien las praxis de la arquitectura y el urbanismo están fuertemente ligadas a una identidad colectiva y que, además, estas formas físicas de la ciudad no son en lo absoluto silentes sino que, por el contrario, nos daremos cuenta de otro de los infinitos leguajes que se esconden en el aparente silencio de nuestras ciudades, de lo cual estas nuevas identidades urbanas se están apropiando más radicalmente, desfigurando las ideas preconcebidas de quiín y para quién se construye la ciudad.

2.2 GENEALOGÍA DEL URBANISMO

En su libro Introducción al urbanismo. Conceptos y métodos de la planificación urbana, la autora Inés Sánchez de Madariaga hace una síntesis de las principales corrientes, métodos y problemas de la planificación urbana, con el propósito de dar una “idea de la variedad de saberes y de actividades que confluyen en la actividad del urbanista”: (Sánchez de Madariaga, 1999). Si antes hablábamos de cómo la arquitectura efectivamente también tiene implícito un discurso correspondiente a su contexto, el urbanismo, por su parte, es una expresión mucho más evidente de cómo en el gobierno de las ciudades y las decisiones alrededor del urbanismo también corresponden a diferentes fuerzas políticas, económicas y sociales.

“El urbanismo nació y se desarrolló como disciplina práctica de intervención sobre el territorio para “ordenarlo” con el fin de organizar el funcionamiento de la ciudad y el acceso a los bienes y servicios colectivos de sus habitantes y sus usuarios” (Montaner, 2011)

Quiero aquí hacer especial énfasis en cómo la autora logra sintetizar y dar cuenta de cómo, según cada momento histórico, corresponden tres factores: 1) los problemas éticos y formales, 2) la racionalidad científico técnica, y por último, 3) los medios de transformación social; según esto queda en evidencia que si bien a cada época o momento hemos atribuido una idea o canon de progreso, siempre estos procesos han estado igualmente marcados por radicales diferencias de pensamientos entre algunos de estos factores, lo que nos lleva a pensar en las identidades de estos agentes opositores o si se quiere emergentes, ejemplos como la revolución industrial que en contraparte tuvo a los movimientos del socialismo utópico, encabezados por Robert Owen, Charles Fourier y Étien Cabet, o el funcionalismo del movimiento moderno que se dio en un periodo entre guerras y tuvo como respuestas fuertes críticas por parte Patrick Geddes y Lewis Munford, posteriormente ratificados por la polémica figura de Jane Jacobs en Nueva York, por enunciar algunos ejemplos.

Entender estas contrapartes como reacciones a una fuerza de poder, nos llevan a entender los territorios urbanos como sistemas dinámicos en los cuales inciden y se relacionan todas las capas de la sociedad de maneras aparentemente caóticas, nunca regulares, y es de esta cualidad de la complejidad, que podemos empezar a entender el concepto de emergencia (o si se prefiere de lo emergente), como aquellas fugas o reacciones transversales de la relación de diferentes sistemas. En otras palabras, estas emergencias dan cuenta de cómo, sobre un sistema aparentemente ordenado, se empiezan a “detonar” situaciones, espacios y servicios, entre otros, como consecuencia de algo que el sistema ordenado no fue capaz de anticipar o prever.

Si entendemos la ciudad desde esta perspectiva, veremos entonces , como menciona William Brinkman-Clark, que la ciudad no existe sino que subsiste como una serie de dispositivos, en otras palabras, al estar compuesta por un gran número de sistemas debemos entender la ciudad como un entorno complejo lleno de variables espacio-temporales y, si bien si podemos comprender la ciudad como un todo en un fragmento de tiempo, no pasará mucho antes de que vuelva a cambiar en alguno o varios de sus sistemas, por otro lado, podemos comprender o hacernos una idea de un área, una zona o un lugar preciso de la ciudad del cual lo que entendemos es cómo en ese espacio se relacionan diferentes sistemas, pero difícilmente entenderemos la ciudad en su totalidad. Esta complejidad nos permite dar cuenta de la emergencia como aquellas manifestaciones que surgen como consecuencia de la relación no evidente de estos sistemas que también toman formas físicas y/o temporales que son, sobre todo, una respuesta social a estas formas de orden impuestas, son una manera de comprender esta complejidad de la cual están conformados los entornos urbanos.

2.3 ARQUITECTURAS DEL POST CAPITALISMO

Ahora bien, aunque no en muchos casos se puede darle atributos explícitamente políticos a una forma arquitectónica, más bien estas actúan como contenedores de significados que socialmente plasmamos en ellos. Este panorama, sin embargo, deja ver cómo, efectivamente, la práctica de la arquitectura tiene implícita igualmente una labor política, Alejandro Xaera-Polo en su brújula de la arquitectura del post-capitalismo comienza a graficar lo que se podría entender como los diferentes movimientos que configuran en este momento en el panorama actual de la práctica de la arquitectura, Populist, Materail Fundamentalist, Tecnocratic, Austerity Chic y Activist, son algunos de los parámetros que podemos ver, al asimilarla en este discurso, esta perspectiva muestra cómo la diversificación en el campo puede ser entendida de igual forma desde la reflexión en torno al cambio en el concepto de poder.

 

Si hacemos un énfasis en el conjunto de los Activist, ya que si antes mencionábamos la relación de lo emergente como consecuencia de la complejidad de la ciudad en el panorama de la erosión del poder, los trabajos y labores que tienen esta identidad están muchas veces enmarcados en fuertes contextos locales, con dinámicas complejas y que responden de manera que logran hacer a los usuarios participes del proceso de construcción de ciudad.

 

Ejemplos como los trabajos de Santiago Cirujeda, con recetas urbanas, como la prótesis institucional  que se implantó como un programa de una aula adosada a una construcción ya consolidad, lo que abrió un espacio que demostró ser necesario para la comunidad, un escenario de encuentro y de aprendizaje que respaldaba procesos artísticos alternativos. Otros ejemplos de estos trabajos podemos verlos con el trabajo de Arquitectura Expandida, la casa del viento, la casa de la lluvia o la sala de cine autogestionada Potocine son proyectos que, más que su materialidad, generan un trabajo conjunto con la comunidad en la que ellos, como principales usuarios del espacio, son también participes importantes de todo el proceso. En último, también cabe en estas prácticas activistas emergentes el caso de la Torre Davis o la “favela vertical” donde, tras ser abandonada la obra, varias familias pasaron a colonizar el edificio, a habitarlo, reprogramar y adaptar usos para los cuales posiblemente jamás fue pensado. Entre este grupo de arquitecturas activistas existen toda clase de variaciones de gestión, técnica, materialidad pero quiero en este punto hacer énfasis, sobre todo, en la calidad de este tipo de arquitecturas para comprender contextos sociales complejos y la capacidad que tienen estos procesos de empoderar a la ciudanía.

2.4 INFRAESTRCTURAS PARA LA VIDA COTIDIANA DESDE EL ENFOQUE DEL URBANISMO CON PERSPECTIVA DE GÉNERO

El concepto de infraestructuras para la vida cotidiana retomado por Inés Sánchez de Madariaga, es “… una crítica a los modelos actuales de pensamiento en concreto: a la tradición funcionalista de la planificación urbana; a los fallos de la democracia representativa, que impide que muchas veces se pueda hacer oír, a la ineficiencia de las soluciones centralizadas aplicada a la vida cotidiana” (Madariaga, 2004) , la autora, con una fuerte crítica al modelo de urbanización del movimiento moderno, hace una reflexión alrededor de cómo esta metodología “Top Down” de construir ciudad acentuaba fuertes divisiones sociales, ya que, con la creación de los suburbios en contextos mayormente machistas, las mujeres quedaban relegadas a labores domésticas o labores no remuneradas, mientras que los hombres hacían viajes a las zonas comerciales y de trabajo remunerado. Esta condición llevó a los suburbios, en algunos casos, a tener que asumir dinámicas más complejas dadas por la generación de redes vecinales o redes de apoyo entre amas de casa, como consecuencia de la necesidad de otras dotaciones. En resumen, este urbanismo con perspectiva de género deja en evidencia la necesidad de valorar las labores domésticas como fundamentales para el desarrollo de la vida cotidiana, por otro lado, también deja en evidencia que los procesos de transformación urbanos ocurren, muchas veces, de manera independiente al plan establecido, a manera de dinámicas locales o redes comunitarias, esto a su vez deja expuesta la necesidad de infraestructuras que posibiliten, apoyen, sustenten las prácticas de la vida cotidiana.

 

En este caso, entendiendo el contexto desde el cual la autora retoma el concepto de infraestructuras para la vida cotidiana quiero, aquí, si bien tomándola como base, entender las posibilidades que abre este modelo teniendo en mente que las mutaciones que presentan los centros urbanos dejan en evidencia una serie de nuevas necesidades insertadas en nuevos perfiles de población, ligados a la necesidad de generar identidades locales más fuertes. Entendemos entonces estas infraestructuras como aquellas que posibilitan espacios locales para labores y trabajo que abren además la posibilidad de generar apropiación y comunidad por medio de espacios comunes.

3.1 CONCLUSIONES

En contextos como el nuestro, Bogotá es un escenario extremadamente interesante para identificar estas diferentes fuerzas de poder, ya que al estar históricamente enmarcado en fuertes procesos políticos, económicos y sociales, tanto internos como externos, la ciudad entera está constantemente dejando en evidencia las transformaciones que implican el contacto y la transformación de estos diferentes agentes. Basta con ver cómo la disparidad de procesos por los cuales la ciudad se fue consolidando, dan cuenta de la implicación de estos diferentes actores de poder político, económico y social, y, en segundo lugar, las diferentes transformaciones de los perfiles ciudadanos que cada vez más manifiestan la necesidad de espacios alternativos que suplan esta nuevas necesidades, vinculado esto, además, a la incidencia de las nuevas tecnologías en los contextos urbanos.

Nos estamos enfrentando a contextos que son dinámicos y fluctúan más rápido de lo que somos humanamente capaces de entender, sin embargo, el ser conscientes de estas trasformaciones desde la idea de la transformación del concepto de poder, nos da la posibilidad de intervenir en contextos urbanos complejos, entendiendo que la aparición de nuevos agentes en el territorio urbano requiere de espacios de contacto entre los instrumentos tradicionales de la ciudad “Top Down” y los medios de transformación de la ciudadanía “Bottom Up”.

Bibliografía

 

Agamben, G. (2011). ¿Qué es un dispositivo? Sociológica, 249-264.

Foucault, M. (1976). Las redes del poder. Paris: Editorial Almagesto, Colección Minima.

Madariaga, I. S. (2004). Infraestructuras para la vida cotidiana y calidad de vida. Ciudades 8, 101-133.

Montaner, J. M. (2011). Arquitectura Y Política, Ensayos pra mundos alternativos. Barcelona, España: Editorial Gustavo Gilli, SL.

Naím, M. (2013). El fin del Poder. Colombia: Debate.

Sánchez de Madarriaga, I. (1999). Introducción al urbanismo concepto y métodos de la planificación urbana. Madrid: Alianza Editorial S. A.

Sánchez de Madarriaga, I. (2013 ). Urbanismo con Perspectiva de Género. Instituto Andaluz de la Mujer.