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Con su investigación sobre la vida y obra de Herbert Baresch realizada mediante un minucioso trabajo de consulta detallada de fuentes, que además de indagación histórica es incluso arqueológica, Hernando Baraya conduce a pensar infinidad de aspectos que se derivan de la arquitectura al considerar las múltiples facetas que dinamizaron el quehacer cotidiano de aquel precoz y fugaz genio. Baresch, Maestro y amigo de Baraya, razón adicional para la elevada sensibilidad existente a lo largo del libro, es una de esas figuras que no debe ser olvidada: su ejemplo de vida perdura con una obra sólida en su concepción, sencilla en su fundamentación, coherente en sus realizaciones, trascendental en su sentido.

En buena hora es posible retornar a la arquitectura de Baresch en momentos en los que su llamado cobra aún más vigencia, ahora que las referencias indispensables al desarrollo sostenible, a las tecnologías a escala humana, a la perspectiva social, revalúan las concepciones tradicionales de la economía e invitan a la creatividad necesaria y a la comprensión integral de los diferentes ámbitos de la vida. No deja de ser paradójico que por razones del destino laboral el tipo de construcción alentado por Baresch se hubiera asentado en esencia en proyectos de lujo pero ellos son un maravilloso ejemplo de la función social que podrían tener si iniciativas como las suyas se encauzaran por caminos de mayor cobertura que sin duda tendrían profundo impacto en la calidad de vida. Bien enfatizó Baresch en la necesidad de retornar a lo vernacular, a lo propio. La arquitectura de Baresch no es solamente para arquitectos, invita a que en ella piensen también los historiadores, los sociólogos, los ingenieros y los urbanistas entre muchos otros, y a que además se disfrute por todo tipo de público como contemplación estética para quienes tengan el gusto de detenerse en las fotografías, ilustraciones y textos de Baraya.

La breve vida de Herbert Baresch rescatada ahora por Hernando Baraya luego de una prolongada investigación que se plasma en tan bello libro, abundante además en anécdotas personales que bien muestran la filosofía de vida del arquitecto de la tierra, es un trabajo no solo estimulante sino reconfortante con las posibilidades del porvenir humano.

Juan Camilo Rodríguez Gómez
Presidente de la Academia Colombiana de Historia, 2012-2016

Casa Baresch. La Calera, Cundinamarca (imagen tomada del libro)
Casa Baresch. La Calera, Cundinamarca (imagen tomada del libro)

Un soplo de historia

 

Son finalmente pocas las palabras que logran traducir lo que me produce la publicación de este libro, fruto de un arduo trabajo de Hernando Baraya.

Además del legado que seguramente podrá ser para nuevas generaciones de arquitectos, la opción de consagrarle una parte a aspectos de su personalidad, de su visión del mundo, de la sociedad en la cual mi papá desarrollaba su arte, a anécdotas de personas que tuvieron la oportunidad de pasar por su camino, ha logrado reavivar rescoldos de su memoria, participando, de esta manera, al largo proceso de recuperación de todos esos pedazos que he venido rescatando como hija de un padre «misterioso», algo inalcanzable.

Como bien lo dice Hernando, tanto la personalidad de mi papá como su aporte a la arquitectura, marcaron un antes y un después. Y es justamente ese «después» que, tal un eco, se convirtió en una incontable sombra que no hemos sabido sino arrastrar…

Desde las brumas de otro mundo me parece verlo burlando el olvido, sonriendo al vernos tratar de aclarar su compleja personalidad, fruto de un cuento fantástico, resultado de una imaginación desbordante y de un espíritu fértil. Aunque de aquí y de otros relatos se escapen retazos de su historia, creo que el lector debe aceptar, como lo acepto yo hoy, y como seguramente lo habría deseado él: no entenderlo todo.

Maria Baresch
París, noviembre 21 de 2018