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ESTUDIO DE DISEÑO GRÁFICO
Carteles y marcas

Arquitecto Dicken Castro.
Revista PROA 170, marzo de 1965.

Paulatinamente el ojo del espectador común, del hombre de la calle, se ha ido acostumbrando, sin darse cuenta, a ciertas hipérboles y deformaciones utilizadas por los artistas y que en su tiempo causaron conmoción por lo atrevidas, me refiero especialmente al uso de la imagen múltiple para significar velocidad y movimiento; el uso de colores para interpretar determinadas cualidades de un producto; superposiciones e interpenetraciones para diferentes efectos y sensaciones. A su vez el arte moderno adopta temas y métodos sacados del diseño gráfico, o mal llamado arte comercial, tales como la introducción de letreros y figuras simplificadas de carteles y anuncios. A menudo el pintor se torna diseñador gráfico y viceversa. Tal simbiosis es muy significativa de la importancia que ha adquirido el diseño gráfico, y en especial el cartel.

La aceleración en los medios de transporte, la facilidad de comunicación en diversas formas, el crecimiento de las ciudades y comercios, el desarrollo económico inusitado, han dado lugar a nuevos planteamientos en los que se refiere al cartel. La cantidad ya no cuenta, nos tenemos que referir a factores más válidos y perdurables, como son: el diseño, el color, la agrupación de las leyendas, el significado de la imagen, la agrupación de los carteles. El diseño de un afiche se ha convertido en un oficio que requiere arte, psicología, técnica, etc.

Si partimos de la base de que el cartel es además un motivo de ornamentación y colorido para la ciudad, se deben destinar lugares apropiados para su colocación, garantizar un tiempo prudencial de permanencia sin que se presente una caótica superposición que le hace perder todo su efecto, e incapacita, a los interesados en anunciar, a invertir una suma para proyecto apropiado de un cartel.

No es posible que permanezcamos en la época en que la cantidad y el tamaño sea lo más importante. Una conferencia sobre la bomba atómica, una rejoneadora, un concierto de música de cámara, es anunciado en la misma forma de carteles baratos, con grandes letras, sin nada que identifique y diferencie el acontecimiento con el cartel que cubre indiscriminadamente todas las paredes de la ciudad. Si el caso de una campaña política, aparecen efigies de tono megalomaniaco, de los candidatos para esta o aquella posición política. Tales carteles, por haber sido colocados a grandes alturas, permanecen desteñidos por años, ratificando la invalidez del ardor politiquero y de sus promesas.

La urgencia de abreviar nombres y denominaciones de empresas dieron lugar a las siglas. Estas rápidamente han venido a ser tan comunes que ya cuesta trabajo diferenciar instituciones dedicadas a una misma actividad y con siglas similares. Se presenta entonces la necesidad de encontrar una marca o símbolo, con poder evocativo, en donde la forma contribuya a la idea que se quiera dar sobre determinada agrupación o negocio, y cuya virtud principal sea la sencillez, conservando la calidad de caracterización y fácil identificación. La imagen y el símbolo se vuelven más fehacientes que la frase y la palabra misma.

Se podría decir que a través del cartel y la marca, con el ánimo de simplificar y abstraer, se vuelve a la fuente, al lugar de origen de toda comunicación por medios gráficos: el primitivo pictograma.