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2020 Reflexiones alrededor de la cultura

Por el Arq. Jorge Caballero

La rama filosófica de la axiología: ¿cómo conocer el valor?

Luego de una larga historia en la cual la filosofía se dedicó al estudio del SER, con la intensa y variada confluencia de eventos que se dieron durante el siglo XIX, apareció una nueva rama de la filosofía que fue la del valer o valor del ser. En su corta historia dentro de la filosofía, el “valor” ha sido examinado especialmente desde dos ópticas, un tanto opuestas:

  1. Como un asunto propio y exclusivo de los objetos.
  2. Como un ejercicio que realiza un sujeto sobre esos objetos.

Las posiciones, discutidas por décadas y argumentadas con gran profundidad, no parecían tener punto de encuentro hasta que el estructuralismo, enfoque de investigación de las ciencias sociales surgido en la segunda mitad del siglo XX, introdujo la noción de contexto. Este concepto-árbitro ayudó a superar la disyuntiva de las dos primeras posiciones: permitió establecer una ámbito (contexto) en el que se ejecuta la acción de la valoración y donde se ponen en juego las dos primeras ópticas (bajo el supuesto de que ellas dos siguen siendo válidas) con lo cual se logra la integralidad y se pueden ponderar los valores. De esta manera las dos ópticas tuvieron esa tercera que las articuló:

  1. El contexto como el ámbito de confluencia de los objetos y los sujetos, equivale a cultura.

Los tres componentes (contexto, objeto y sujeto) tienen presencia en todo ejercicio de valoración: siempre surge la cuestión de si los bienes tienen valor porque los preferimos y escogemos o, si por el contrario, los preferimos y escogemos porque tienen valor. Pero, además, el sujeto que valora nació, creció y se formó dentro de una cultura y el objeto (casi siempre) es producto de esa misma cultura (pero en el pasado) lo que hace indispensable establecer ese ámbito (contexto) que para efectos de esta propuesta se quiere asimilar a cultura.

De otra parte, la axiología establece que, por naturaleza, el valor tiene jerarquía y establece polaridad. Para que un objeto tenga jerarquía, necesariamente debe hacer parte de un conjunto de semejantes con los que se puede comparar y darle una posición jerárquica. El contexto aparece como indispensable ante la situación de que es un imposible valorar un objeto aislado, debe ubicarse dentro de un conjunto para poder fijar un rango que es jerarquía (un objeto tiene más valor que otro) y polaridad (un valor puede estar entre lo positivo y lo negativo). Un valor, por ejemplo el de belleza que se le concede a un objeto, hace surgir de inmediato su opuesto: la fealdad. Así, la gradación entre feo y bello expresa la polaridad, y el nivel en que su ubica la belleza de un bien dentro de su conjunto es su jerarquía.