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2020 Reflexiones alrededor de la cultura

Por el Arq. Jorge Caballero

 

Patrimonio: expresión plena de la cultura

La expresión directa de la cultura se define como patrimonio.[1] Es en el patrimonio donde se decanta y concreta la conjunción dinámica de las tres dimensiones de la cultura. Decantación-concreción que resulta ser, a su vez, capital básico sobre el cual se apoya la creación continua de los grupos humanos vinculados culturalmente. Dentro de la definición que aquí se propone, el patrimonio es –en un primer momento– expresión directa, extensa y plena de la cultura. Expresión que necesariamente se ve relacionada con los recursos ambientales, como sustrato base, y también con elementos y fenómenos producto de la interacción social, es decir, con la producción material y la creación inmaterial en variados ámbitos de las actividades que desarrolla toda comunidad.

El patrimonio, como se entiende en el Occidente actual, tuvo su origen en el tránsito de las monarquías al sistema democrático de poderes surgidos del pueblo. La construcción de una nación necesitó elementos que cohesionaran comunidades diversas (lenguas y tradiciones locales, por ejemplo) bajo una misma nación: el patrimonio en general, pero el territorio articulado por una historia e idioma común, en particular, fueron algunos de esos elementos cohesionadores. Pero necesitaban también de producción cultural tangible, visible y reconocible como las ciudades y sus arquitecturas (sumada a todo el arsenal de bienes artísticos), que por lo mismo comenzaron a ser declarados como Monumentos Nacionales pues concretaban todos esos anhelos de nacionalidad. Como resultado, el patrimonio cultural es hoy concebido como componente activo de las nacionalidades.

Pero en realidad el patrimonio está unido a la historia de la humanidad, su aplicación occidental a partir del siglo XIX, tuvo gran impulso en la segunda posguerra europea del siglo XX. La evolución del pensamiento alrededor del patrimonio ha estado liderada por la Unesco desde su propia creación en la década de los años cincuenta. A partir de esos años la Unesco dio inicio a la Lista del Patrimonio de la Humanidad. Se incluyeron recintos geográficos de belleza especial (patrimonio natural) y sitios históricos, urbanos y arquitectónicos (patrimonio cultural) de valor universal. Tanto el Patrimonio Cultural como el Natural[2] fueron, al principio, considerados como dos categorías con sus propias especificidades, pero el mismo proceso de incluir estas categorías en la lista del Patrimonio de la Humanidad llevó a unificarlas en 1972 cuando se definió el Paisaje Cultural como una sola categoría que integra la cultura y la naturaleza. Con esa integración el Patrimonio Natural y Patrimonio Cultural en la categoría de Paisaje Cultural se ratificó que las transformaciones de la humanidad sobre el territorio planetario no podían verse de ninguna manera por separado y que constituían el legado de las diversas civilizaciones a la cultura universal: el legado histórico (no contemporáneo porque la sociedad aún no lo ha calificado) que es como se ha entendido y se sigue entendiendo el patrimonio.

[1] Así como la cultura se expresa en el patrimonio, es el patrimonio la base de la creación cultural: son envés y revés de la misma naturaleza humana. Por eso mismo parecería redundante hablar de Patrimonio Cultural, sin embargo, se hace necesario pues, creada la categoría de Patrimonio Natural, esa redundancia es necesaria.

[2] De todas maneras, en cuanto al patrimonio natural, desde la década de los años sesenta del siglo XX se trabajaba la categoría de Paisaje en la Unesco.